Seguro que alguna vez habrás oído hablar de ellos, de los bosques de cobre del Valle del Genal. Masas forestales en las que él, el castaño, despliega desde tiempos inmemoriales su extraordinaria y singular belleza, dando pinceladas gruesas a un paisaje de especial exuberancia. Castaños que, llegado el otoño, brindan un espectáculo único, verdaderamente impresionante, y cuyo fruto es motivo de inspiración de exquisitas ‘fórmulas’ gastronómicas que se remontan a época romana. Al cobrizo de nuestros castaños ponen el contrapunto las espectaculares masas de pinos monterrey y negral, así como los quejigos y encinas centenarias, bajo las que jaras y brezos tapizan nuestro extraordinario territorio.