No es porque lo diga yo, pero si de algo estoy orgullosa es de mi Casa Consistorial, edificio que se localiza en el principal lugar de encuentro y reunión de mis vecinos y de quienes me visitan, la Plaza del Teniente Viñas. Testigo de innumerables páginas de mi historia (su planta baja llegó a servir de cárcel), llama la atención por su fachada, con portada adintelada de ladrillo visto y ventanas enrejadas al estilo rondeño. Víctima de un incendio que llegó a ‘enterrar’ gran parte documental de mi historia, es protagonista destacado de una de nuestras fiestas más conocidas, la de Moros y Cristianos; en la que ejerce de castillo. Su origen data del siglo XVII y en su fachada, como podrás apreciar, llama también la atención su balcón corrido con barandilla de forja y el escudo heráldico de España en tiempos de Fernando VII.